lunes, 17 de diciembre de 2012

El viejo samurái



Cerca de Tokio vivía un gran samurái, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que aún era capaz de derrotar a cualquier adversario.

Cierta tarde apareció por allí un guerrero del que se decía que jamás había perdido un combate. Conociendo la reputación del samurái, estaba allí para retarlo, derrotarlo y ganar fama.

Todos los estudiantes se manifestaron en contra de la idea, pero el viejo aceptó el desafío.

Fueron todos hasta la plaza de la ciudad y el joven comenzó a insultar al viejo maestro. Arrojó algunas piedras contra él, le escupió a la cara, gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus antepasados. Durante horas hizo todo lo posible para provocarlo, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, sintiéndose ya exhausto y humillado, el impetuoso guerrero se retiró.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

—¿Cómo ha podido usted soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aún sabiendo que podía perder la lucha, en vez de mostrarse cobarde ante todos nosotros?

—Si alguien te ofrece un presente y tú no lo aceptas, ¿a quién pertenece el regalo...? —respondió imperturbable el samurái.